Miguelito y las Mantas

¿El Tiempo vuela o somos nosotros los que no nos detenemos? Recuerdo la primera vez que pisé el Caribe en 2016. Un estudiante aún sin tema de tesis, sin plan ni nadie para guiarlo, pero con muchas ganas de aprender se aventura, con más esperanzas que dinero a una estancia de verano con Manta México Caribe. Mentiría al decir que fue fácil adaptarse al ritmo de trabajo a lidiar con personas desconocidas mayormente en un idioma distinto al tuyo, pero también lo haría al decir que no lo disfruté. Tres años después regreso a Isla Mujeres. Ahora como graduado de Bilogía Marina y estudiante de maestría con un tema relacionado a las reacciones de las mantas ante el turismo, piso por tercera vez la blanca arena del Caribe Mexicano.

La fecha de la estancia se concretó después de presentar parte de mis resultados en el Primer simposio Latinoamericano de Tiburones y Rayas, llevado a cabo este mismo año en Playa del Carmen, después de ser amablemente invitado a participar de nuevo como voluntario en el proyecto por la directora del mismo, Karen Fuentes.

De nueva cuenta paso por el conocido ritual de acomodarse en la que será mi casa por el próximo mes, presentarme ante los que serán mis compañeros y amigos, y esperar junto a ellos ansioso el prometido encuentro (o re encuentro) con las mantas. El lugar es el mismo pero la experiencia es distinta, ahora con experiencia y un objetivo en mente, recolectar más datos para mi proyecto de tesis, formo parte del staff que ayudará a los nuevos voluntarios con las tareas diarias que van desde las labores domésticas hasta la obtención y el procesamiento de datos.


Me sorprende el ver cuánto se ha desarrollado el proyecto desde mi última estancia, el equipo cuenta ahora con el apoyo de la Doctora Annie Murray con quien colaboramos y de quien aprendemos todos durante nuestra estadía en Isla Mujeres. Por si fuera poco, las primeras semanas somos honrados con la presencia del Director de Manta Trust, Guy Stevens, quien nos cuenta acerca de su experiencia tanto gestora como científica al fundar y mantener las importantes labores de su ONG.

Por si esto no fuera suficiente me entero con alegría que haremos varias salidas repartidas a lo largo del mes en búsqueda de las estrellas del show, las mantas. Ahora como estudiante mis labores incrementan, se me asignan tareas adicionales tanto en tierra como durante las expediciones que cumplo con todo gusto, aunque no si uno que otro tropezón producto de mi usual carácter distraído.

Me sorprendió la facilidad con la que entable amistad con los otros voluntarios en esta ocasión, en especial con Aliris y Jen, mis compañeras de cuarto y Nola, mi colega workaholic. Quizá a causa de la edad, la experiencia utilizando otro idioma, o tal vez la posibilidad de unirme a las cenas y salidas en grupo gracias al apoyo de la beca CONACYT.

El verano estuvo lleno de actividades sorprendentes, que nos acercaron a todos a la naturaleza por la que hacemos nuestro mejor esfuerzo. Limpiezas de manglar, buceos, puestas de sol, encuestas a locales y turistas así como una espectacular visita a Isla Contoy fueron parte inolvidable del voluntariado. Después de días de mantas y breaching, condiciones tanto excelentes como adversas, mucho snorkeling y el ocasional pez vela la estancia llega a su fin. Al igual que hace tres años me llevo nuevas experiencias y amistades tanto nueva como retomadas.

Me retiro de Isla mujeres con cerca de treinta nuevos videos que contribuirán de manera importante a mi maestría, esperando haber podido agradecer con mi esfuerzo la extrema amabilidad y los consejos entregados tan amablemente por Karen y Annie. Me espera un año más de maestría, nuevos retos y nuevos sueños. Como hace tres años abordo el avión que me aleja del pequeño paraíso con ángeles de aletas chevron hacia un futuro que no se detiene.


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